Luego de acomodarnos, cada uno en una silla, uno frente al otro, y de recibir un café que será signo de una larga charla, Martín se acomoda para comenzar a contarme cómo fue su historia. Le pregunto si quiere que lo siga llamando Martín o si prefiere que le diga como fue registrado el día que nació, pero él prefiere que continuemos con el nombre que eligió.
Martín es un hombre que, por distintas circunstancias de la vida, ha estado muy rodeado de libros; por eso, sabe mucho. Además, cuenta con la experiencia de la vida en la calle, que solo te la da la experiencia misma.
Me contó cómo fue que comenzó su vida a la intemperie, por qué eligió esa esquina, cómo se vinculaba con la gente que siempre transitaba. Con quienes armó fuertes vínculos, y con quienes solo compartía un simple "hola" o "chau". Me habló de quienes le ofrecieron excentricidades y, hasta se podría decir, algunos negocios turbios.
Martín, a diferencia de la gran cantidad de personas que para sobrevivir en la calle están sumergidas en el consumo, nunca tomó ni se drogó.
Martín cuenta con una gran memoria. Él alude que, en este último tiempo, le está fallando. Desde enero de este año 2025, por un tema de salud, dejó la vida en la calle para pasar a vivir en un hogar para adultos mayores. Fue un enorme cambio para él. Pero, por suerte, en su cabeza siguen rondando las historias y anécdotas que marcaron tan fuertemente todos esos años en la esquina de Santa Fe y Uriarte.
Martín ahí se ubicaba en una silla gastada, que colocaba al lado de la florería. Había arreglado con el dueño que le permitiera enchufar una pequeña radio que lo acompañó durante años. Toda su vida fue un radioescucha aficionado. Nunca miró televisión, pero la radio fue, es y será todo para él.
En ese lugar donde transitaba su día entero, Martín era una especie de confesor o psicólogo: gran cantidad de gente pasaba a charlar con él.
Hoy, Martín continúa siendo una exquisita persona para dialogar.