“Que vivan los crotos”

El croto más famoso de la República Argentina anduvo veinticinco años en la vía, durmió miles de noches a la intemperie, viajó en innumerables trenes cargueros por todo el país, trabajó como bracero cuando pudo, se alimentó de fauna silvestre o animales de corral ajeno cuando hizo falta y -gracias a cierta obsesividad en el carácter- recogió una multitud de anécdotas e impresiones a lápiz en viejos cuadernos Laprida. Esos manuscritos fueron posteriormente el esqueleto de un libro que armó el escritor Hugo Nario” (Osvaldo Baigorria, Pampa y la vía, pág. 89, 2024). Nario escribió “Bepo la vida secreta de un linyera” haciéndolo saltar a la fama a José Américo Ghezzi, más conocido como Bepo. Y fue su historia lo que captó la mirada de la estudiante de cine Ana Poliak a principio de los ´80 que culminó en la creación del film narrativo “Que vivan los crotos” .

"El Polaquito", película argentina basada en una historia real y filmada en 2003, narra la vida de un chico de la calle que se gana el sustento cantando tangos en los trenes de la estación Constitución de Buenos Aires, imitando a Goyeneche.

Allí conoce a "Pelu", una joven prostituta que también trabaja en la estación y de quien se enamora de inmediato. Movido por ese sentimiento, intenta rescatarla de la mafia que la explota. Su decisión lo enfrenta con "Rengo", líder de la organización clandestina, quien, en complicidad con la policía de la estación, comienza a hostigarlo para disuadirlo de su propósito.