Erving Goffman
Historias Invisibles se articula con el concepto de estigma desarrollado por Goffman en su obra Estigma. La identidad deteriorada (1963). El autor sostiene que la sociedad asigna ciertos atributos a las personas, colocándolas dentro de determinadas categorías. Algunos de esos atributos resultan indeseables o incongruentes, y es allí donde surge el término “estigma” para referirse a un rasgo desacreditador. Traemos esta reflexión porque observamos que, desde hace años, la persona desaliñada —quizás de apariencia descuidada— en numerosas ocasiones se convierte en un individuo desacreditado, portador de un estigma que opera como mecanismo de exclusión y lo ubica en un “submundo” social, invisibilizando su condición humana compartida.
En otra obra del mismo autor, La presentación de la persona en la vida cotidiana (Goffman, 1971), se plantea que, como individuos sociales, ejercemos una actuación frente a quienes nos observan. Es decir, respondemos constantemente a una determinada fachada. En particular, Goffman se refiere a la fachada personal vinculada a la apariencia, que informa acerca del estatus social del actuante. En el caso de las personas en situación de calle, esa fachada está absolutamente determinada por quienes las observan, categorizan y cuestionan su modo de vida.
Este trabajo busca interpelar estas marcas sociales. Como comunidad, podemos y debemos restituir la dignidad y la voz de quienes viven a la intemperie. Nos proponemos desarmar la mirada estigmatizante y abrir un espacio de reconocimiento que legitime su presencia en el espacio público.